La muestra artística rural Estoesloquehay, el festival itinerante, temático y multidisciplinar que aúna arte y medio rural, continúa en este 2021 su incansable recorrido por las comarcas del Alto Aragón celebrando su 19ª edición. El reto que acompaña a Estoesloquehay desde sus comienzos pasa por posicionar con determinación el mundo rural como protagonista y artífice de la cultura, y en este propósito se han centrado los esfuerzos de la asociación cultural Grupo Andante, promotora y organizadora del proyecto, desde que en 2002 arrancará la primera edición de este proyecto, pionero y veterano del calendario cultural, y que emplaza su sede en una población distinta en cada edición durante un intenso fin de semana y en el que tienen cabida las propuestas más heterodoxas y sorprendentes de gran variedad de disciplinas artísticas.

Nuestro particular recorrido por la geografía de la provincia de Huesca no

s lleva de nuevo por tierras monegrinas, recalando los días 17, 18 y 19 de septiembre en las dos poblaciones que conforman Torres de Barbués, la población que da nombre al municipio y su pedanía Valfonda de Santa Ana, y como siempre, estará conformado por un completo y variado programa de actividades culturales gratuitas y para todos los públicos.

Las dos poblaciones, a pesar de la disparidad que en apariencia pueden tener, – Torres de Barbués, pueblo antiguo con raíces en la época de la Reconquista y Valfonda, pueblo de colonización creado en la década de los sesenta del siglo XX -, tienen en común ser fruto del afán de sus habitantes de hacer de estas llanuras enmarcadas entre el río Flumen y el canal de los Monegros su hogar. Ambos pueblos surgieron, en épocas y ámbitos diferentes, motivados por el anhelo de labrarse un futuro mejor, en un contexto de Repoblación.  

 

 

Es por ello, que en esta 19ª edición de la muestra artística rural ‘Estoesloquehay’, segunda concebida en tiempos de pandemia, dedicamos la temática a esta idea. Es tiempo de repoblar de esperanza, de aliento, de ánimo. Es el propósito de quienes hacemos este proyecto continuar ahora más que nunca con la labor de fomentar el encuentro, la reunión, los vínculos, el sentimiento de identidad y la puesta en valor del patrimonio material e inmaterial de nuestro pueblos. Queremos seguir fomentando modelos de convivencia que permitan llevar a cabo eventos culturales como este, con su innegable fórmula enriquecedora, y su originalidad, que lo convierten en el único evento que reúne la particularidad de ser itinerante, temático y multidisciplinar y tener como protagonista indiscutible a las pequeñas poblaciones del medio rural.

Hoy, con un mundo en crisis, más que nunca, debemos asumir que para que las zonas rurales sean capaces de mirar al futuro sin complejos, debemos darles capacidad y herramientas para impulsar procesos de contribuyan a mantener una vida digna, rica y con estímulos dentro de un contexto de transformación social hacia una nueva ruralidad que pasa inevitablemente por el derecho al acceso a la cultura. Esta ha sido nuestra labor desde hace casi ya veinte años y estamos orgullosos de haber podido contribuir a ello.

Para entender esta singularidad y la temática –Repoblación- que nos acompañará en esta edición, que mejor que un breve repaso a la historia de las dos localidades que acogen la muestra este año.

Torres de Barbués y la cercana Barbués, poblaciones muy vinculadas, surgen a finales del siglo XV como consecuencia de la desesperada huída de la peste de sus pobladores desde el desaparecido poblado morisco de Pitiellas, buscando refugio a los pies de los núcleos de poder cercanos, como el castillo de Barbués, en manos de nobles cristianos. Un siglo más tarde, la expulsión de los moriscos de 1610 supone un desastre para la zona, permaneciendo el lugar prácticamente despoblado durante las dos centurias siguientes. No es hasta finales del XVIII y principios del XIX cuando muy poco a poco se habita de nuevo hasta que en 1927 se erige como Ayuntamiento independiente de Barbués.

Es en 1963 es cuando su historia queda vinculada con un nuevo proceso de repoblación que se decide desde los despachos del Instituto Nacional de Colonización en Madrid. El monumental Plan de Riegos del Alto Aragón, abastecido por los ríos Cinca y Gállego y que junto con los situados más al este, en la cuenca del Segre, forman el sistema de regadíos más extenso de Europa, tiene su origen en los planes regenaracionistas de principios del siglo XX. Los sueños de Joaquín Costa se cumplían y supusieron la transformación en regadío de miles de hectáreas de una zona desértica y adolecida desde siempre por la escasez.

Es en 1955 mediante Decreto de 25 de febrero, cuando se declara de “alto interés nacional” la colonización de la zona, ya que era preciso realizar nuevos asentamientos de población que trabajaran los regadíos recién arrancados al erial. Para ello, el Instituto Nacional de Colonización (INC) llevó a cabo los planes autárquicos de la dictadura franquista con la construcción de quince nuevos núcleos de población en Los Monegros y aledaños, entre los que se encontraba la población que más adelante se denominó Valfonda de Santa Ana.

 

 

La vida para estos colonos no era fácil, a cada familia se le entregaba un lote compuesto por unas pocas tierras, vivienda, un animal de tiro y herramientas. Entre las condiciones innegociables estaba estar casado y tener hijos, estableciéndose un periodo de prueba de cinco años durante el cual peritos y capataces del INC podía arrebatar las posesiones. La parcela y la casa se abonaba a plazos en 20 y 40 años respectivamente.

Para proyectar estos pueblos, con una morfología similar conformada en torno una gran plaza y compuesta por casas bajas individuales, se contrataron a jóvenes arquitectos que con el tiempo serían algunos de los mejores proyectistas de su época en el país, y ese fue el caso de Valfonda de Santa Ana, cuyo espectacular campanario de la iglesia de 25 metros de altura o su extravagante ermita de Santa Ana es obra del zaragozano José Borobio Ojeda, referente del racionalismo arquitectónico en España.

Los colonos, emigrantes de su propio país, a menudo provenientes de los mismos pueblos que se habían inundado para construir los pantanos de los riegos, fueron capaces de construir una nueva identidad junto a la población en cuyo término municipal se había erigido su nuevo porvenir. Durante años forjaron una memoria colectiva de solidaridad, en un lugar pocas veces amable, donde a menudo eran mirados con recelo. Hoy Torres de Barbués y Valfonda de Santa Ana, dos pueblos muy distintos pero que en esencia son fruto de la misma voluntad de distintas épocas, miran al futuro de forma conjunta y con la misma aspiración que motivó su origen.

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